Preocuparse o actuar
Si bien el termino proactividad fue acuñado por el psiquiatra Víctor Frankl en su famoso libro «El hombre en busca de sentido» (1946), quien realmente lo popularizó fue Stephen R. Covey en su libro «Los 7 hábitos de las personas altamente efectivas» (1989). En este libro se nos anima a tomar conciencia de nuestro propio grado de proactividad en base al tiempo y energía que dedicamos a nuestras preocupaciones.
Partiendo de la base de que todos tenemos preocupaciones, imaginemos un «Círculo de Preocupación» en el que incluimos todo lo que nos preocupa en mayor o menor medida, como el pago de la hipoteca, nuestro futuro laboral, el calentamiento global, el hambre en el mundo, y un sinfín de circunstancias que consumen nuestra energía y tiempo.
Todo lo que está dentro del Círculo de Preocupación podemos clasificarlo según el control que tengamos para cambiarlo, e imaginamos así otro «Círculo de Influencia» en el que incluiríamos todas aquellas preocupaciones sobre las que tenemos capacidad real para actuar.
Las personas proactivas se mueven preferentemente en su Círculo de Influencia, dedicando su tiempo y energía a cambiar las cosas sobre las que pueden hacer algo. Este tipo de conductas generan emociones positivas que provocan la ampliación del Círculo de Influencia. Conforme la realidad nos va confirmando nuestra capacidad para hacer cosas, nos vemos animados a enfrentarnos a tareas cada vez más difíciles.
Por el contrario, las personas reactivas se mueven preferentemente en su Círculo de Preocupación, centrando su atención en los defectos de los demás, en las circunstancias negativas y en aquello sobre lo que no tienen control. Este tipo de conducta hace que no prestemos atención a lo que podemos hacer, y nos genera emociones negativas que finalmente reducen nuestro Círculo de Influencia.
Para poder ser más proactivos podemos desarrollar la habilidad de elegir nuestra respuesta ante lo que nos ocurre, lo opuesto a reaccionar ante los acontecimientos sin ningún tipo de discernimiento. Para ello podemos desarrollar nuestra autoconciencia reconociendo nuestros miedos y buscando conductas alternativas que nos permitan cambiar y aprender.

